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domingo, 21 de abril de 2013

En busca del café

Lo bueno de trabajar en una ciudad-iglesia reconvertida en centro de investigación es que la sala de conferencias está en la Iglesia central, con muchísimo espacio para la pantalla y convenientes capillitas laterales con café y galletas. Lo malo es que hace un frío que pela. 
Y lo kafkiano es que de vez en cuando Adam McBride, que estudia teoría del caos, aparece de sopetón desde detrás de una esquina del transepto y grita "Hah!" a la vez que casi te desnariga al capturar una mosca en un bote de mermelada (quiere hacer un experimento sobre patrones de vuelo de las moscas en presencia de uno de esos trastos que se las cargan a base de descargas eléctricas. A mí no me miren).
***
Resulta que la máquina de café está estropeada. He vuelto al laboratorio de la caftera misteriosa del café púrpura, pero la jarra estaba vacía. 
Nunca hay nadie en ese laboratorio, ¿por qué será? Me he llevado una muestra de poso de café. Creo que Ángela, que trabaja en compuestos orgánicos, podrá pasarla por el cromatógrafo de gases...


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